domingo, 17 de febrero de 2013

Mudada






Hace poco me mudé a un apartamento. Ahora vivo sola. Vivo lo más alto que he vivido en toda mi vida.  Yo, que las alturas me provocan vértigo, hasta me asomo por  la ventana de cuando en cuando. Si me acuesto en mi cama, que también es nueva, veo las nubes de cerca. Me enamoré de éste espacio, a pesar de que aún tiene paredes verde guacamayo – así las bauticé por su color - desde que lo vi en internet. Cuando llegué y vi la lavadora/secadora supe que era para mi.  No es fácil para una mujer como yo resistirse a la idea de una lavadora y secadora dentro de su apartamento. Le hice todo un dramón a la dueña el día que vine a verlo, le prometí que era la persona más cool del mundo y que sería una super inquilina y finalmente lo conseguí.

A pesar de que, desde que empecé a dormir aquí el día que me entregaron las llaves, no estaba mudada del todo, desde ese día ya lo siento mío. Cuando llego abro las ventanas para ver de cerca el cielo.  Y ya me he hecho un poco amiga del silencio interrumpido que me regala el extractor del edificio que nunca se apaga.

Hace unos días ha empezado a salir agua por el piso de mi sala/comedor. He buscado por todas partes y no logro dar con la fuente de la fuga. Todos los días, casi a la misma hora, tengo que recordarme que debo mapear. No sé qué pueda ser. Se me ocurre que mi apartamento también se enamoró de mi, y como de cuando en cuando me ha visto llorar en nuestro tan poco tiempo juntos, ha decidido hacerme coro para acompañarme y todos los días, cerca de que caiga el Sol, nos hacemos agua los dos.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

2013





Se acaba el año y se me escurrió entre los dedos.  Ya van dos que ando moliendo vidrio en los Tribunales por mi cuenta y soy feliz.  Este año aprendí que soy capaz de mucho más de lo que pensaba.  En contra de todos mis miedos, me marqué; también volví a ser pelirroja (y por votación popular, parece que fue para bien).  Adelanté la Navidad para noviembre (con todo y árbol y regalos debajo) porque mi sobrina estaba en Puerto Rico y cuando ella está no importan ni las fechas, ni los calendarios, porque Anabella hace que se detenga el tiempo y yo ando que me derrito por ella.  Total, que soy su tía y mi trabajo es consentirla.

El 2012 no ha sido fácil, pero tampoco un calvario.  Hubo momentos que me jamaquearon las piernas, pero no me caí.  Con el 2012 no me fui a las pescozás… este año, que ya pronto termina, me hizo crecer y ver las cosas de otro modo.  Soy la misma, un poco distinta, mucho menos idealista y un poco más astuta, pero en el fondo la misma.  Para mi fortuna este año no me deja mal herida ni llena de moretones, sólo un par de cicatrices que me han quedado de recuerdo.  Recibo el 2013 (en contra de todos los presagios mayas) con ganas de comerme el mundo de un bocado, con los ojos bien abiertos y los pies bien puestos en su sitio (sin escuchar a los que repiten que la cosa está mala como un mantra de mal augurio).  

Este año lo espero de pie, sin resoluciones, agradecida con la vida por todas las personas espectaculares que tengo a mi alrededor, con los ovarios bien puestos en su sitio, a son de burbujas y con ganas de hacer mucho más.  Me ha costado trabajo, y sé que todavía no he llegado, pero apuesto a que voy por el camino correcto.

martes, 31 de julio de 2012

Muda





Hace seis meses que no escribía nada. Quizás un poco de flojera, quizás vagancia... finalmente llevo seis meses con las manos mudas. Hasta que la necesidad de hablar(me), más que la misma necesidad de escribir(me) que siempre tengo entre los dedos, me convenció de regresar. Es que llevo días pensando en serpientes. He soñado con ellas. Las he visto moverse sigilosas entre mis sueños y mis piernas y no me ha dado miedo. Quizás por eso es que estoy aquí, por la falta de miedo, porque para mi sorpresa, no tengo frío en el estómago.

Normalmente las serpientes se asocian con imágenes tenebrosas y frías (de la misma forma en que yo las he visto siempre).  Sin embargo, desde mi sueño, las he visto diferentes (hasta he pensado marcarme con una, que ya pronto cumplo 35 y esa fecha no puede pasar sin pena ni gloria).  Quizás es porque ando mudando la piel a retazos... porque fui a enjuagarme la vida y los dolores en el agua salada y terminé castigada por el Sol, que a mi nunca me ha tenido mucha simpatía, y para variar, me ha hecho terminar roja, como un carbón encendido.

Las serpientes cambian de piel de forma periódica.  Se deshacen de la piel vieja mientras crecen y van sanando sus heridas.  Su piel, a diferencia de la mía, la pierden toda de una vez restregándose contra árboles y piedras, algo así como si se quitaran una media a la brava.  Mi piel se va escapando por pedazos, mientras tropiezo con la ropa, mis manos y el tiempo, dejándome encima un escozor que pretende volverme loca (quizás para que no olvide que no estoy del todo sana todavía).

Quizás es que me ha tocado mudar la piel y no tiene nada que ver con el Sol, mucho menos con el agua y la sal... quizás es que como las serpientes, mudo la piel, pero por pedazos y de a poco, para hacerme nueva.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Solidaridad



Dos sábados atrás me fui, junto con amigos y familiares, a las calles de Ponce a recolectar dinero para ayudar a sufragar el costo del tratamiento de mi primo. Andraé, mi primo, anda en Texas dando la batalla campal desde la tercera cuerda en contra de un tumor que anda metido en su cerebro.

La instrucción recibida fue sencilla: camisas blancas y llevar un envase para la recolecta. Guié peleando contra un aguacero desde San Juan a Ponce, pero llegué.

En menos de 10 minutos tuve el cuadro claro: resulta ser que mientras más caro el carro, menos te mira la gente cuando pides… mientras más bolsas de boutique en el asiento trasero, ni siquiera bajan el cristal para decirte que no y cuando llegas casi al punto de la desesperanza viene un tipo en un carrito viejo y saca un peso de su cartera, que quizás era para comprar pan, y te dice “ojalá y esto lo ayude” y a mí, que soy más sentimental de lo que me permito admitir, se me hace un nudo en la garganta y no alcanzo a decir otra cosa que “GRACIAS”, así en mayúsculas, porque por poco me le meto dentro del carro y le doy un abrazo.


viernes, 14 de octubre de 2011

A mi primo, Andraé


Todavía recuerdo el día que naciste y los ojos alegres de tío cuando salió a decir “ya nació”. Yo tenía 14 años y tú unos ojos enormes que siempre me parecieron avellanas. Muchas veces te cuidamos en casa y, como eras el más chiquito, eras nuestro juguete favorito. Nos arrastrábamos por el piso riéndonos cada vez que te enseñábamos a repetir alguna barbaridad. Veinte años después lo confieso porque ya no tengo el riesgo de que tus papás nos estrangulen. Si, la verdad es que tienes un reguero de primos que estamos más locos que cuerdos, pero que te amamos como tú decías cuando eras pequeño, “con el corazón y la vida”.

No se me olvidan las veces que peleabas conmigo como gato boca arriba porque querías ver más televisión y yo decía que no, o cuando querías comer una cosa y yo hacía otra, o las vez que decidí que tenía que cansarlos y los puse a hacer kickboxing conmigo y terminé siendo la prima más cool por eso. Igual cuando le creamos un trauma al payaso en tu cumpleaños número 1, puedes preguntar, todavía nos reímos de todo lo que le hicimos al pobre payaso. De seguro ese día se retiró. Puedo escribir páginas y páginas de historias que tienen que ver contigo y nuestras “aventuras”.

El día antes de tu cumple número 20 mami me llamó para darme la noticia que te (nos) cambió la vida, y te confieso que me quedé fría, me dio dolor de cabeza y estuve sin dormir hasta las 3 de la mañana. Pasé gran parte de la noche despierta tratando de entender lo que no puede entenderse. Tú, que eres tan joven y tan lleno de vida, tú y tus ojos de avellana, tú y un tumor en tu cabeza. No hay forma de entenderlo.

Filipo, hay cosas que no se entienden, cosas como las que te están pasando. Nosotros, tampoco lo podemos, no lo queremos entender. Sé que muchas veces parecemos una unidad entera que se escapó de un hospital siquiátrico, pero estamos aquí para ti, aunque no podamos estar físicamente contigo en este viaje que ahora comienza, estamos siempre contigo. Ya viste ayer el revolú que formamos por teléfono! Estuvimos una hora esperando para poder cantarte feliz cumpleaños! Traté de poner orden, pero ya conoces esta locura de familia que tenemos.

No pienses en la enfermedad como una condena, piensa en la enfermedad como una palabra que no decide quién eres ni lo que harás. Como decía un payaso medio mongo que salía en las noticias antes “sonríele a la vida y no dejes que la vida se ría de ti”. Eres joven, fuerte y valiente… no te rindas, que nosotros tampoco vamos a rendirnos.

Te amamos “con el corazón y la vida”,

Lorena y todos tus prim@s


martes, 16 de agosto de 2011

Tango





Liberada
entre tus manos
que se escurren
(por mi cuello)
y se pierden
(resueltas)
entre mi pecho
(y mis costillas)
de imprevisto,
Así como tú
-Llegas-
sin prisa
(…sin pausa)
a marcar
(con un beso)
encendido
tu ritmo
en mis caderas.
Tiemblo,
cuando tu boca
astuta y
(de-li-cio-sa)
se desliza
(sigilosa)
en el laberinto
de mis piernas.

martes, 9 de agosto de 2011

La Lupe




La primera vez que escuché a la Lupe lloré. Quizás fue una mezcla de hormonas y un reguero de malos momentos. “La Tirana” sonaba en la radio, y yo me bebía las lágrimas como Magdalena mientras esperaba el cambio de luz en el semáforo. Es que es de esa música única que se te mete por las venas, te jamaquea el cuerpo, te eriza todos los pelos y te da ganas de quitarte los zapatos y tirarlos contra el piso. Seguramente por eso ella misma lo hacía, porque su música era más grande y más fuerte que ella misma. Era como si tuviera un huracán atrapado en el centro del cuerpo que se le escapaba por ratos en sus canciones.

Me gusta pensar que de cierta manera nos parecemos… soy así, como su música, media tormentosa. No sé querer, pensar, vivir de otra manera que no sea por completo. Por eso cada vez que escucho “Teatro” me dan ganas de tomarme un trago despacito y cerrar los ojos mientras se me hacen 20 nudos en la garganta.