jueves, 11 de noviembre de 2010

Conjuro

Dame
los silencios
que se es/con/den
en
tu
Boca,
todas
las noches
que huelen
a tu nombre
y a vacío.

Procúrame
las palabras
que se
es
cu
rren
por tus dedos
y yo invocaré a los dioses,
y a las musas,
para que
nunca
concluya tu poesía.

Barrunto


Hay dolores clandestinos
que se TALADRAN
a la fuerza
en los huesos
y sólo
LATEN
en días de lluvia.

martes, 9 de noviembre de 2010

Suspensivo





Pasó el silencio,
la pausa abra(s)ada…
el punto interpuesto
a la fuerza.
Pasó el tiempo,
pasé yo,
y también tú pasaste.
Y hoy de improvisto,
tus palabras se
d
e
s
l
i
z
a
r
o
n
desde la punta de mis dedos
hasta mis tobillos
y otra vez quise conquistar con mi a li en to
hasta la
úl
ti
ma
c-u-r-v-a
de tu espalda.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Jaque Mate




Ella le escupió un “se acabó” mientras le temblaban los tobillos. Él cayó de rodillas contra el suelo. Ella recogió lo poco que le quedaba a la ligera. Él la agarró por el brazo. Ella gritó espantada. Él la miró a los ojos. Ella lo vio más pequeño.

“Méteme preso embustera, yo te amo” fueron sus últimas palabras antes de verla salir despavorida dejando atrás un olor a fruta descompuesta.

lunes, 25 de octubre de 2010

(Re)Pensando

A veces
hace falta abrumarse
meterse la tristeza por las venas
- a la brava -
llenarse los ojos
de lunas secas
y luego dejarlas ir
mientras se escurren
des
pa
cio
por los dedos.

A veces hace falta
- estar nublado -
darse sobredosis
(de Sinatra y de Silvio)
beberse el café
- medio amargo -
llorar el dolor (ajeno),
a todo pulmón,
a lágrima viva,
para que (re)nazcan
flores
de las manos.


miércoles, 13 de octubre de 2010

Pa' Manolo


Desde ayer el mundo entero anda paralizado mirando como 33 mineros van re-naciendo, uno a uno, a cuentagotas, de las entrañas uterinas de la tierra. Cuando anunciaron que ya estaban listos para iniciar la misión de rescate sude frío, caliente y de todas las formas posibles y en menos de un segundo se me atravesó el alma en la garganta. Bajar dentro de una cápsula de 53 centímetros de diámetro la distancia equivalente a 10 torres de Eiffel no cabe dentro de mi mente como algo que quiera hacer. Pero mientras el Presidente le decía “traiga a los mineros” yo creo que a Manolo, el primer socorrista, eso ni se le ocurrió.

Allá fue Manolo, directo a la cavidad-útero en la que 33 seres humanos llevaban 69 días esperando que llegara el momento de su re-nacimiento. Y yo acá estaba atónita y me sentía como si estuviésemos pisando la Luna, pero a la inversa y le oré a todos los dioses habidos y por haber para que no temblara la tierra, que a ninguno le diera un ataque de pánico, que no fuesen claustrofóbicos, que las máquinas funcionaran a la perfección y que pudieran soportar el viaje-parto por el túnel. Unos 15 minutos más tarde llegó el Fénix a su destino.

Manolo bajó del Fénix y los mineros lo recibieron con abrazos que hasta hace muy poco tiempo parecían improbables, allá repartió saludos e instrucciones. Preparó al minero-primogénito, lo acomodó en la cápsula y en un momento ya se iniciaba el proceso de rescate-alumbramiento. Mientras la polea de la grúa daba vueltas, yo, en este lado del mundo, me bebía las lágrimas y tenía en el estómago la misma sensación que tenía el día que estaba por nacer mi sobrina.

Poco a poco, gracias al esfuerzo de muchos como Manolo, 33 seres humanos comenzaron su proceso de re-nacimiento a través del túnel. Y yo lo único que quería era darle un abrazo a Manolo y decirle “carajo Manolo, tú si eres bravo”.

jueves, 30 de septiembre de 2010

José Alberto



Confieso que traté, pero no le puedo buscar 5 patas al gato. No puedo entender que sea un error un tiro a una persona que está tirada en el piso. ¿Error? ¿en dónde? Honestamente yo no lo veo. Y que conste, yo creo en la presunción de inocencia y creo que es necesario evaluar la totalidad de las circunstancias. Pero es que está tan difícil de creer. Y aclaro que hablo como lego, como una ciudadana más que en las mañanas prende el televisor y que escucha las noticias por la radio.

Lo he pensado muchas veces, le he dado mil vueltas, pero la verdad es que no tengo ni una sola palabra de consuelo para la familia de José Alberto ¿qué dice uno en estas situaciones? ¿lo siento? Decir algo como eso sería mentirle de la forma más cruel y descarada. No hay forma de que yo pueda sentir el dolor que siente su familia ante su pérdida. Lo único que me da esperanza es que su corazón aún late en el cuerpo de otro y a mi me encanta pensar de que el día que la madre de José Alberto y el joven que recibió su corazón se conozcan, al chico se le erice la piel cuando su corazón reconozca a su madre.