viernes, 2 de julio de 2010

Libre



El deber del abogado es luchar por el Derecho,

pero el día que encuentre en conflicto

el derecho con la justicia,

lucha por la justicia.


Hace un tiempo, mientras tenía una conversación de esas de a la ligera, por salir del paso, me dijeron que había traicionado mi vocación de literata al haber estudiado Humanidades y luego haber decidido convertirme en abogada. Al momento el comentario me pareció la cosa más absurda del mundo, pero no le di ningún tipo de peso. Hoy, que soy abogada, entiendo que haber estudiado Humanidades antes de estudiar Derecho ha sido la cosa más certera que he podido hacer.

Entrar a esta profesión con la única expectativa de lograr una cuenta de banco con más de 6 ceros a la izquierda a cuestas de lo que sea necesario hacer, es la motivación más ilógica del mundo para hacerse abogado; y que conste, no hay nada malo con ganar dinero y ser próspero, lo importante es ganarlo de manera honesta, de manera que, como diría mi profesor de Derecho Notarial: “cuando te acuestes a dormir, no tengas cargo de conciencia”.

Yo estudié Derecho, porque aunque suene ridículo y absurdo ante los días que vivimos en mi país, creo en la Justicia. Justicia con mayúscula. Justicia en su expresión más simple… dar a cada quien lo que le corresponde, pero hacerlo de la manera correcta. Teniendo como correcto lo que es moral y ético. Y por esas motivaciones tan simples es que no guardo silencio. Porque me parece hipócrita decir “si, eso esta mal” y entonces montarme en mi carro, esquivar la mirada, hacer como que aquí no pasa nada y seguir para mi casa. No puedo tener miedo a decir lo que pienso, porque no me enseñaron a tenerlo, porque nací con el alma libre, los ojos abiertos, el corazón bien conectado al cerebro y las manos bien fuertes.

Estos días, en los que me gustaría desdoblarme y poder estar en muchos sitios a la vez, han revivido en mi memoria – y en el vértigo espontáneo al ver los videos de lo ocurrido el 30 de junio – los recuerdos de estar sentada frente a un televisor (o un radio) escuchando las vistas de Maravilla. Yo era muy pequeña, y tengo imágenes sueltas, pero se me grabó en la memoria como si hubiese sido marcada con un carimbo la interrogante del Fiscal “dígame si es o no cierto”. Seguramente repetí esa frase como el papagayo en esos momentos, pero ahora que tengo 32 años y conozco mis derechos y los suyos, le pregunto a nuestro gobernador, con el conocimiento de la Ley Suprema de nuestro país y las protecciones que nos garantiza a TODOS: Dígame si es o no cierto que el 30 de junio de 2010 frente al Capitolio hubo un gran despliegue de brutalidad policiaca y usted lo justificó, dígame si es o no cierto que miembros de escolta del Senado agredieron a los manifestantes, en su mayoría mujeres, dígame si es o no cierto que usted juró respetar la Constitución Federal y la Constitución del Estado Libre Asociado y de eso ha hecho caso omiso, dígame si es o no cierto que han descalabrando la Comisión de Derechos Civiles, que han jugado un burdo juego de fichas en el Sistema Judicial y que han manipulado, de la manera más descarada, la Junta de Síndicos de la UPR, dígame si es o no cierto que usted o está totalmente enajenado de la desgracia a la que se está sometiendo a nuestro país, o realmente es una de las personas más cínicas e insensibles… y finalmente le pregunto, y prometo ser breve, dígame si es o no cierto que es mentira que no le cuesta dormir en las noches, que es mentira que duerme tranquilo… porque seguramente cuando usted apaga la luz y se acuesta, detrás de su oreja izquierda tiene usted pegado con fuego la voz de este pueblo que lo eligió y que hoy le reclama en su cara – y frente a la cara del mundo entero – que usted nos lleva a la deriva, que usted no tiene compromiso, y que sería maravilloso que usted tuviese un ápice de decencia y de una vez, en lugar de procurar el bien propio, procurara el bien colectivo. Usted señor gobernador, no es merecedor del puesto que ocupa… una persona que no ama este país no merece gobernarlo.

1 comentario:

edmaris dijo...

Ay nena! Daría lo que no tengo para que ese infeliz te leyera y llevando mi fe a otro nivel; que tuviese la capacidad de entenderte.